Marlen Reusser, del podio soñado al desastre en Èze: cuando bajar también decide un Tour de Francia

Ciclismo
domingo, 09 agosto 2026 en 23:00
Ceremonia de podio de Marlen Reusser etapa 5 2026 TDFF
Marlen Reusser estaba llamada a ser la tercera mujer en discordia. En un Tour de Francia Femenino 2026 dominado por el duelo entre Demi Vollering y Katarzyna Niewiadoma, la suiza aparecía como esa alternativa capaz de romper la hegemonía de las dos grandes favoritas y convertir la lucha por la general en una batalla a tres. Sin embargo, el desenlace en Niza terminó de la peor manera posible para la corredora de Movistar Team: perdió el tercer puesto del podio después de un día en el que primero fallaron las piernas y después, de forma todavía más dolorosa, la técnica.
La última jornada debía ser una defensa. Reusser partía tercera de la clasificación general y tenía ante sí una etapa diseñada para poner a prueba a las corredoras completas: cuatro ascensiones al Col d’Èze, carreteras estrechas, rampas exigentes y, entre subida y subida, descensos donde cualquier error podía resultar determinante.
Y fue precisamente ahí donde se torció todo. El primer golpe llegó en la segunda ascensión al Col d’Èze. Cuando Canyon//SRAM comenzó a endurecer la carrera y Antonia Niedermaier impuso un ritmo cada vez más elevado, Reusser no pudo responder. La suiza, que hasta ese momento defendía una posición privilegiada en la general, comenzó a titubear físicamente en las primeras rampas. No fue un ataque concreto de una rival el que la dejó fuera de combate: simplemente no pudo sostener el ritmo.
La diferencia comenzó a crecer con una rapidez preocupante. Mientras el grupo de favoritas seguía seleccionándose, Reusser quedó atrapada en tierra de nadie y llegó a perder más de seis minutos respecto a la cabeza de carrera. En ese instante, su tercer puesto ya estaba seriamente comprometido, pero todavía quedaba terreno suficiente para intentar recuperar parte del tiempo.
El problema es que la carretera todavía tenía preparada una segunda factura. Reusser nunca ha sido reconocida como una de las grandes especialistas del pelotón en los descensos. Es una característica que puede parecer secundaria cuando se analiza a una corredora por sus prestaciones en la montaña, la contrarreloj o el llano, pero que adquiere una importancia enorme en una carrera como esta. En Èze, donde las subidas y las bajadas se sucedían constantemente, esa carencia terminó siendo decisiva.
Cuando trataba de reorganizarse y buscar una remontada que le permitiera conservar el podio, la suiza se fue al suelo en uno de los descensos. La caída terminó de sepultar cualquier posibilidad de recuperar el terreno perdido y convirtió una jornada complicada en un auténtico desastre.
No es la primera vez que Reusser evidencia dificultades cuando la carretera se precipita hacia abajo. La suiza puede ser una de las ciclistas más potentes del pelotón cuando encuentra un escenario que permite imponer fuerza y ritmo, pero las bajadas técnicas siguen representando un territorio mucho menos natural para ella. Y en una competición en la que cada segundo cuenta, esa diferencia puede convertirse en una desventaja demasiado grande.

¿Hay cierta similitud con el caso de Jay Vine?

El paralelismo con Jay Vine en el pelotón masculino resulta inevitable. El australiano ha demostrado en numerosas ocasiones que posee unas condiciones extraordinarias para la escalada y la lucha contra el reloj, pero también ha sufrido problemas en descensos que, en determinadas carreras, han condicionado sus resultados. En ambos casos aparece una contradicción incómoda: tener piernas para estar entre los mejores no siempre es suficiente cuando una carrera exige dominar todas las facetas.
En el caso de Reusser, el golpe es todavía mayor por las expectativas que había generado su presencia en este Tour. La corredora de Movistar estaba llamada a convertirse en la tercera referencia de una carrera marcada por el enfrentamiento entre Vollering y Niewiadoma. Su posición en la general demostraba que podía estar ahí. Pero también evidenciaba que todavía necesitaba encontrar la regularidad necesaria para sostener ese estatus durante una carrera de tres semanas y, sobre todo, en jornadas donde la técnica adquiere tanta importancia como la potencia.
La caída en el descenso no explica por sí sola la pérdida del podio. El problema comenzó antes, cuando Reusser no pudo seguir el ritmo en las primeras rampas del segundo paso por Èze. Pero el accidente convirtió una situación difícil en una misión imposible. De haber mantenido la bicicleta sobre el asfalto y conseguido recuperar parte del terreno en la bajada, todavía habría existido una posibilidad matemática de salvar el tercer puesto. El suelo acabó con cualquier esperanza.

El Col d'Èze, un quebradero de cabeza

Mientras tanto, por delante, Vollering y Niewiadoma protagonizaban el duelo que había marcado todo el Tour. La neerlandesa terminó imponiéndose en las rampas finales de Èze y selló su victoria en la clasificación general, dejando a la polaca en segunda posición.
Reusser, en cambio, pasó de ser la tercera pieza del podio a quedarse fuera de él. Un desenlace especialmente cruel para una corredora que había conseguido colocarse en esa posición a base de rendimiento y que aspiraba a confirmar definitivamente su candidatura como una de las grandes corredoras de vueltas del pelotón femenino.
Para Movistar Team, la jornada deja una sensación amarga. El equipo tenía a una corredora en el podio del Tour y terminó viendo cómo esa posición se escapaba entre una pérdida física en la subida y una caída en el descenso. Para Reusser, el aprendizaje es todavía más incómodo: en las grandes vueltas no basta con tener piernas para subir; también hay que saber bajar. Y en las carreteras de Niza, esa diferencia entre ser una aspirante al podio y terminar fuera de él quedó expuesta de la manera más cruel posible.
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