La
Vuelta a España 2026 terminó con
Enric Mas vestido de rojo y con una victoria histórica para el ciclismo español. El mallorquín puso el broche perfecto a una carrera en la que consiguió conquistar por fin la clasificación general, pero la última etapa dejó también una sensación difícil de ignorar: la Vuelta quiso ofrecer una jornada de celebración y terminó convirtiendo buena parte de ella en un paseo neutralizado antes de tiempo.
No hay ningún problema en que los corredores
celebren. Tampoco en que un campeón recién coronado disfrute de sus compañeros, reciba el reconocimiento del público o que determinados ciclistas tengan la oportunidad de despedirse de una carrera tan importante. El homenaje a David de la Cruz, Jesús Herrada, Pello Bilbao, Steven Kruijswijk y Magnus Cort fue uno de los momentos más emotivos del día. El problema aparece cuando una etapa diseñada para tener cuatro ascensiones a la Alhambra y un final potencialmente explosivo queda reducida durante decenas de kilómetros a una procesión y, sobre todo, es neutralizada porque a los ciclistas no les da la gana disputar el final.
Una decisión difícil de entender
La organización decidió que los tiempos de la clasificación general se tomaran en el último paso por meta antes de afrontar la última vuelta del circuito por la presión de los corredores.
Durante buena parte de la etapa, Movistar se colocó al frente del pelotón y marcó un ritmo extremadamente tranquilo. La media de velocidad llegó a ser sorprendentemente baja y, mientras los corredores celebraban el triunfo de Enric Mas, se tenía la sensación de que la competición había quedado aparcada.
Y aquí aparece la gran contradicción de la jornada. Se había diseñado una última etapa con cuatro pasos por la subida a la Alhambra, 2,1 kilómetros al 6,6% de media y rampas de hasta el 13%. Sobre el papel, era un recorrido magnífico para cerrar una Vuelta con espectáculo. En la práctica, la carrera tardó demasiado en empezar a ser una carrera de verdad.
Si la prioridad absoluta era que los hombres de la general celebrasen tranquilamente el triunfo de Enric Mas, quizá habría sido más coherente plantear una etapa ceremonial mucho más corta y asumir desde el principio que la competición se limitaría a la lucha por la victoria parcial.
Pero si se diseña un circuito con cuatro ascensiones a la Alhambra, se anuncia una jornada explosiva y se lleva la carrera hasta Granada, resulta extraño que durante más de la mitad de la etapa los espectadores tengan que esperar a que alguien decida empezar a competir.
El ciclismo profesional no necesita que cada etapa sea una batalla desde el kilómetro cero. Pero tampoco necesita que una jornada de competición acabe siendo lo que fue ayer la jornada. El público que estaba en las carreteras de Granada no acudió únicamente para ver a Enric Mas con el maillot rojo. Acudió también para ver una carrera.
El pelotón empezó a correr cuando ya casi no quedaba etapa
La diferencia fue evidente cuando Groupama-FDJ decidió tomar la responsabilidad. A unos 29 kilómetros de meta, el equipo francés puso fin a la larga marcha de Movistar y comenzó a imprimir un ritmo realmente competitivo a 3 vueltas del final. Poco después llegaron los ataques y la carrera cambió por completo entre los ciclistas que decidieron disputarla.
Basien Tronchon rompió la cabeza de carrera, mientras aparecían nombres como Wout van Aert, Matthew Brennan y Alessandro Romele. Más adelante, Pello Bilbao consiguió abrir hueco antes de que Axel Laurance protagonizara uno de los movimientos más fuertes de la jornada.
De repente sí había carrera. Y eso es precisamente lo que deja una sensación agridulce. Porque cuando los corredores decidieron disputar la etapa, quedó demostrado que el circuito de Granada podía haber ofrecido muchísimo más.
La victoria acabó siendo para Tobias Halland Johannessen. El noruego de Uno-X consiguió imponerse después de una actuación espectacular, superando a Alessandro Romele y aprovechando una jornada en la que Matthew Brennan, que aspiraba a sumar otra victoria, terminó cediendo ante los ataques. Es decir: había espectáculo. Simplemente llegó demasiado tarde.