"La París-Roubaix no sonríe al más fuerte, sino al más resistente" - La leyenda Museeuw confía en Wout van Aert

Ciclismo
viernes, 10 abril 2026 en 16:40
Wout van Aert y Tadej Pogacar en el Tour de Flandes 2026
Por todo lo que Wout van Aert ya ha logrado en el ciclismo, aún hay una carrera que sigue marcando el debate a su alrededor en Bélgica. No porque su palmarés carezca de calidad, sino porque París-Roubaix tiene otro peso específico. Es la carrera que todavía parece faltar.
Esa es la lente con la que Johan Museeuw, uno de los grandes maestros del Infierno del Norte, observa al actual líder del Visma. En conversación con Cyclism'Actu, el triple vencedor de París-Roubaix no cuestionó la calidad ni la obra de Van Aert. Fue directo al grano: “Ha ganado muchas carreras, ha ganado en el Mont Ventoux, pero para mí aún necesita ganar París-Roubaix”.
El argumento de Museeuw se basa en lo que esta carrera exige a un ciclista. París-Roubaix no es simplemente otro Monumento que añadir a la lista. A su juicio, sigue siendo la clásica de un día más dura de todas, una bestia muy distinta al Tour de Flandes pese a la comparación natural entre ambas.
Como él mismo dijo, “cuando te llamas Pogacar, es fácil ganar París-Roubaix, incluso para Van der Poel. Es la carrera de un día más difícil. Es diferente del Tour de Flandes. La distancia es la misma, pero hay más pavés, 65 km de pavés. Y en el Tour de Flandes, los tramos adoquinados están en pequeños muros; es otra cosa que en París-Roubaix, donde los sectores son más largos”.
Eso es lo que mantiene a Van Aert en esta conversación. Su versatilidad nunca ha estado en duda. Ha ganado en todo tipo de terrenos y disciplinas, y pocos corredores de su generación igualan la amplitud de sus éxitos.
Pero Roubaix es la carrera que reduce todo a durabilidad, temple y pura resistencia. Museeuw lo sabe mejor que nadie, y su vieja máxima sigue definiendo la prueba mejor que cualquier análisis: “París-Roubaix no siempre sonríe al más fuerte, sino al más resistente”.

No solo una esperanza belga, sino una expectativa belga

Lo que da más fuerza a las palabras de Museeuw es que no las presenta como un deseo personal. Expresa algo más amplio. En el ciclismo actual, es fácil dejar que la rivalidad entre Pogacar y Van der Poel monopolice cualquier debate sobre Roubaix, y el propio Museeuw lo reconoce.
“Cuando se dice Pogacar o Van der Poel, es fácil”, señaló, antes de devolver el foco a Van Aert y al sentimiento nacional en torno a él: “Espero, por Bélgica y sobre todo por él, que Wout van Aert gane una clásica como París-Roubaix, porque por el momento solo ha ganado un Monumento, Milán-San Remo”.
Ahí está el quid. Van Aert no se presenta como un corredor sin estatura. Se le presenta como un talento cuyo éxito general ha hecho que Bélgica anhele una victoria en el Monumento adoquinado que encaje plenamente con el resto de su carrera.

La carrera está abierta, incluso con los grandes nombres delante

Museeuw no idealiza la tarea. Sabe perfectamente a qué se enfrenta Van Aert el domingo. Pogacar ya ha demostrado esta primavera que puede moldear a su antojo incluso las carreras más grandes, y Van der Poel sigue siendo la referencia en este terreno hasta que alguien diga lo contrario.
Museeuw lo deja claro al hablar del esloveno: “Ha ganado casi todas las carreras, así que no sería una sorpresa si gana París-Roubaix. En esta carrera, le va a resultar más complicado batir a Van der Poel, Pedersen, Van Aert y quizá a un outsider”.
Ese último punto importa. Roubaix, a diferencia de muchas otras pruebas mayores, rara vez se ajusta a una jerarquía limpia. Museeuw lo subrayó también, recordando que “en París-Roubaix siempre hay un outsider, por una escapada, por el todo o nada”. Precisamente esa inestabilidad mantiene viva la carrera para más que los dos nombres obvios.
Wout van Aert, estrella de Visma - Lease a Bike.
Wout van Aert, estrella de Visma - Lease a Bike.
Y la forma en que se corre hoy solo agudiza esa incertidumbre. Museeuw señaló lo pronto que ahora se empieza a forzar la carrera, explicando que “ahora atacan de lejos, así que Mons-en-Pévèle, Moulin de Vertain, Carrefour de l’Arbre… hay muchos sectores donde se puede atacar; les toca a ellos decidir, no a nosotros”. Eso cuenta para Van Aert tanto como para cualquiera. En una carrera que puede abrirse desde muy lejos, la opción de moldear el desenlace está ahí si también lo están las piernas.

Sigue firmemente entre los hombres a seguir

A pesar de subrayar las esperanzas belgas, Museeuw no habla de Van Aert como de un outsider en busca de un milagro. Lo sitúa en la primera línea. Su pronóstico de podio fue elocuente: “Para mí va a ser Pogacar, Van der Poel y Van Aert, pero también puede ser Van der Poel por delante de Pogacar, y también puede ser, y lo espero por Bélgica, Van Aert, Pogacar, Van der Poel; depende un poco de la carrera”.
Esa previsión captura a la perfección la tensión que rodea a Van Aert. Está lo bastante cerca como para que nadie se sorprenda si vuelve al podio, y es lo bastante bueno como para que una victoria no sea descabellada. Aun así, llega a Roubaix con la sensación de que este es el Monumento que tiene que caer, el resultado que zanjaría una conversación que nunca termina de apagarse.
Por eso calan las palabras de Museeuw. No son solo elogios ni simple nostalgia de una leyenda belga. Son un recordatorio de que París-Roubaix sigue ocupando un lugar especial en el deporte y de que, para un corredor como Van Aert, ganarla significaría algo más que añadir otra línea a una carrera ya deslumbrante.
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