"Hora y media antes de enterarnos de su caída": Vuelve el debate por GPS demasiados meses después de la muerte de Muriel Furrer

Ciclismo
viernes, 20 febrero 2026 en 21:30
Kragh Andersen
Un corredor ataca en un descenso. Desaparece de la vista. El pelotón asume que ha enlazado. La carrera sigue su curso. Hora y media después, su equipo por fin descubre que no se había ido por delante, sino que se había salido de la carretera.
Así lo contó Mattias Norsgaard en el podcast Forhjulslir, al repasar la caída de su compañero en Lidl-Trek, Soren Kragh Andersen, en la primera etapa de la Tour de la Provence 2026.
“Pasó una hora y media antes de que supiéramos que se había caído”, dijo Norsgaard, al describir cómo el grupo creyó que el danés había alcanzado la fuga antes de darse cuenta de que algo no cuadraba.
Para un deporte que aún asimilala caída mortal de Muriel Furrer en el Mundial de Ruta 2024 en Zúrich, los detalles sonaban inquietantemente familiares.

Cuando un corredor abandona la carretera

Furrer se cayó durante la prueba en línea junior femenina en Zúrich y fue localizada inconsciente fuera del circuito. Falleció al día siguiente a causa de las heridas. En los meses posteriores, una de las preguntas más inquietantes planteadas por corredoras y equipos fue cuánto tiempo pasó sin ser localizada tras salir de la carretera. Aunque las investigaciones oficiales no establecieron de forma concluyente que un retraso causara su muerte, el incidente obligó al ciclismo a afrontar la realidad de que un corredor puede desaparecer de la vista en un gran evento.
La descripción de Norsgaard en la Provenza inevitablemente aviva ese temor. Relató cómo Kragh Andersen lanzó un movimiento audaz en un descenso bajo la lluvia, a un ritmo que sorprendió incluso a su propio compañero. “Iba jodidamente rápido”, dijo Norsgaard, y añadió que tras apenas unas curvas la diferencia ya se había abierto de forma notable. Luego, silencio.
Según Norsgaard, el equipo creyó que Kragh Andersen había enlazado con la escapada. Mucho después supieron que se había salido de la carretera y había caído por la ladera. Finalmente volvió a subir por su propio pie. Un director deportivo de Lidl-Trek vio después “una mano roja saludando desde detrás del guardarraíl”, según lo describió Norsgaard.
El equipo comunicó posteriormente que Kragh Andersen sufrió una contusión muscular. No se han dado más detalles sobre su regreso a la competición.

La moto y el sistema

La parte más incisiva del relato de Norsgaard se centró en el convoy de carrera. Dijo que las imágenes sugerían que Kragh Andersen iba bajo control antes de entrar en la curva donde se salió, y criticó a la motocicleta que seguía la acción.
“La moto no se para. Simplemente espera al pelotón. Le da completamente igual”, afirmó, sosteniendo que un fallo así “debería ser sancionado” con tal dureza que el operador “nunca vuelva a participar en carreras ciclistas”.
Esos comentarios llevan la conversación más allá de una caída. Señalan a los sistemas que la rodean.
Tras la muerte de Furrer, se intensificó el debate sobre el rastreo GPS obligatorio. La UCI ha probado desde entonces sistemas ampliados de localización en grandes eventos, que las autoridades presentan como herramientas de seguridad y no como mejoras televisivas. Pero los intentos de formalizar su uso no han estado exentos de controversia, con disputas sobre implantación, responsabilidades y control.
Para Norsgaard, lo ocurrido en la Provenza refuerza su postura. “Estoy 100 por 100 convencido, después de este inicio de temporada, de que debería introducirse lo antes posible”, dijo sobre los dispositivos de rastreo obligatorios, subrayando que su objetivo principal debe ser la seguridad del ciclista.
El ciclismo ha invertido mucho en vallas, revisión de recorridos y protocolos de seguridad en los últimos años. Pero persiste una realidad incómoda: cuando un corredor se sale de la carretera fuera de la vista, la detección no siempre es inmediata.
Un año y medio después de Zúrich, la Provenza ha reabierto un debate que el deporte confiaba en encauzar. La pregunta central ya no es teórica. Es cruda y práctica: ¿con qué rapidez puede el ciclismo localizar a un corredor cuando algo va mal?
El relato de Norsgaard sugiere que, incluso en 2026, la respuesta aún puede depender del azar.
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