En Italia, el debut de
Jonas Vingegaard en el Giro d’Italia no se interpreta como un simple ajuste de calendario. Se presenta como un movimiento de legado.
En Tutto Bici Web, el reconocido periodista Cristiano Gatti sostiene que el danés “ya ha ganado el prólogo del Giro 2026. Simplemente por decidir venir”. El razonamiento va más allá del espectáculo.
Para Gatti, la decisión refleja “una virtud por desgracia cada vez menos común en un mundo que lo calcula todo en transferencias bancarias: la sabiduría”.
En el centro del argumento está la rivalidad con
Tadej Pogacar. “Ganando el Giro, se pone por delante incluso de Pogacar”, escribe Gatti, sugiriendo que añadir la gran vuelta italiana a su palmarés elevaría a Vingegaard a una categoría histórica aún más exclusiva de campeones de vueltas por etapas.
La sabiduría por encima de la obsesión
La temporada 2026 de Vingegaard ya había sido reformulada antes del anuncio del Giro. Una caída invernal en un entrenamiento en España, posterior enfermedad y una retirada de última hora del UAE Tour alteraron su preparación prevista.
Su regreso se ha recalibrado a través de París-Niza, mientras planean dudas sobre la estabilidad del inicio de curso en Team Visma | Lease a Bike tras la salida del histórico entrenador Tim Heemskerk.
En ese contexto, Gatti ve la elección del Giro como estratégica y no reactiva. Concentrarlo todo en el Tour de France, argumenta, sería “un riesgo demasiado grande, especialmente con Pogacar alrededor”.
Ganar primero el Giro “pondría inmediatamente el balance de 2026 en positivo”, porque “digan lo que digan del Giro d’Italia, ganarlo sigue siendo un logro que define una temporada”.
El componente psicológico es central en la columna. Gatti sostiene que llegar al Tour con una gran vuelta ya asegurada permitiría a Vingegaard correr “con el corazón más ligero, más sereno, con la conciencia tranquila y la libertad de desafiar a Tadej sin obsesión”. En esa lectura, el Giro es a la vez una oportunidad deportiva y una herramienta de gestión de la presión.
Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard son las estrellas de UAE y Visma.
El riesgo de la obligación
Hay, sin embargo, una advertencia clara dentro del elogio. Al llegar a Italia como lo que Gatti denomina “la segunda fuerza del ciclismo mundial”, Vingegaard se coloca en un terreno de expectativas.
“Solo puede ganar”, escribe el columnista, advirtiendo de que una derrota desencadenaría inevitablemente comparaciones: si perdiera el Giro, surgirían preguntas sobre cómo pretende batir a Pogacar en el Tour.
Es un encuadre que eleva las apuestas en lugar de rebajarlas. Un campeón, insiste Gatti, “no viene al Giro a entrenar”. Puede que no necesite dominar cada día, pero viene a ganar.
Para Vingegaard, la decisión tiene así un doble significado. Amplía su calendario en una temporada ya marcada por los ajustes, y en Italia se interpreta como una escalada deliberada. No una cobertura frente a la presión, sino una redefinición de la misma.
Si la apuesta sale bien se decidirá camino de Roma y, después, en Francia. Por ahora, la reacción de la prensa italiana es nítida: no es una aparición fugaz. Es un movimiento calculado en la batalla permanente en la cima del ciclismo masculino.