El regreso de
Tadej Pogacar a la
Vuelta a España tendrá que esperar al menos otro año más. Con la cercanía de la carrera de Javier Guillén al Mundial e Il Lombardia, el esloveno se ha decidido siempre en las últimas temporadas por las carreras de un día.
En el ciclismo moderno, la innovación rara vez fracasa por falta de lógica. Más a menudo, tropieza porque el deporte no está listo para soltar lo de siempre. Esa tensión está en el centro del debate que Pogacar encendió este invierno con su propuesta de reordenar el calendario de las Grandes Vueltas, un movimiento que ha expuesto hasta qué punto la tradición sigue pesando dentro del pelotón.
“Llevo años diciendo que sería mucho mejor si el Giro y la Vuelta intercambiaran fechas”,
dijo Pogacar, defendiendo que las condiciones meteorológicas y la participación de corredores mejorarían si la gran vuelta española se moviera a primavera.
La idea, en sí, es simple. La reacción, no.
Cuando la lógica choca con un calendario inamovible
Desde el prisma deportivo, cuesta rebatir el razonamiento de Pogacar. El doblete Tour–Vuelta sigue siendo una de las combinaciones más exigentes del calendario, especialmente para quienes también apuntan al Campeonato del Mundo. Un cambio de fechas, en teoría, reabriría la Vuelta a corredores hoy obligados a elegir.
En UAE Team Emirates - XRG, la propuesta ha sido recibida con mente abierta, no a la defensiva. El director Joxean Fernandez Matxin admitió que no se le había ocurrido antes, pero la explicación de Pogacar le hizo replantearlo. “Cuando leí la explicación de Tadej, pensé que ahí había algo”,
dijo en declaraciones recogidas por Sporza.Pogacar completó el doblete Giro-Tour en 2024
El apoyo de Matxin se ancla más en la logística que en la ambición. “Por ejemplo, nunca podemos reconocer las subidas del Giro porque en abril hay demasiada nieve”, explicó, aludiendo a experiencias repetidas de etapas canceladas o neutralizadas por frío o lluvia. Desde su base en España, el contraste es evidente. “En España, el tiempo en mayo es mejor que en Italia.”
Pero la lógica, en ciclismo, nunca es la única moneda.
Un deporte moldeado por la memoria, no solo por las ganancias marginales
En el pelotón, la respuesta ha sido notablemente cauta. No porque la idea sea radical, sino porque alteraría un orden casi inalterado durante décadas.
Ralph Denk, mánager de Red Bull - BORA - hansgrohe, recordó que el calendario ya evolucionó una vez. “Cuando empecé a competir hace 40 años, la Vuelta se disputaba en abril”, dijo, evocando una época en la que España acogía la primera gran vuelta del año.
Pero Denk también se apresuró a cuestionar si episodios meteorológicos puntuales justifican un cambio de calado. “Hace dos años estuvo aquella etapa de Livigno en el Giro, cuando la nieve en el Umbrail Pass provocó caos”, señaló. “¿Pero pasa cada año? No lo creo. El año pasado, por ejemplo, el tiempo durante el Giro fue excelente.”
La implicación es clara: los problemas aislados quizá no basten para compensar la comodidad de lo conocido.
Por qué la tradición sigue imponiéndose
En
Lidl-Trek, el director deportivo Steven de Jongh sintetizó mejor la reticencia de fondo. “En sí, me parecería lógico que el Giro y la Vuelta intercambiaran sus fechas, sobre todo si miras el clima”, afirmó. “Pero la carrera está ligada a la tradición, así que podría ser un cambio demasiado grande.”
Esa frase, más que ninguna otra, explica por qué la idea de Pogacar difícilmente ganará tracción rápida. Las Grandes Vueltas no son solo carreras. Son instituciones, atadas a televisiones, organizadores, patrocinadores e identidades nacionales.
De Jongh también apuntó a una complicación práctica que la lógica por sí sola no resuelve. El Giro y la Vuelta están en manos de organizadores distintos, RCS y ASO, respectivamente. Incluso si los argumentos deportivos encajan, coordinarse a ese nivel sería todo menos sencillo.
Un debate que supera a su propio impulsor
Para Pogacar, el debate del calendario no es una exigencia, sino una observación. Pero la respuesta que ha generado evidencia lo resistente que sigue siendo el ciclismo a los cambios estructurales, incluso cuando los propone su corredor más dominante.
La ironía es que el estatus de Pogacar puede jugar en su contra. Su éxito le permite cuestionar el sistema, pero también facilita que el sistema le diga que no.
Por ahora, el intercambio Giro–Vuelta sigue siendo hipotético. No porque carezca de mérito, sino porque en un deporte definido por la historia, cambiar fechas puede resultar más difícil que ganar carreras.