¿Es Tadej Pogacar el mejor deportista de la historia?

Ciclismo
viernes, 10 julio 2026 en 13:07
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Hay actuaciones que sirven para ganar carreras y otras que cambian la percepción que tenemos de un deportista. Lo que hizo Tadej Pogacar en el Tourmalet pertenece claramente al segundo grupo. No fue simplemente una victoria de etapa en el Tour de Francia. Fue una demostración de superioridad tan aplastante que obliga a hacerse una pregunta que trasciende el ciclismo: ¿estamos viendo al mejor deportista del planeta? Y, si seguimos estirando el debate, ¿puede entrar ya en la conversación sobre el mejor deportista de todos los tiempos?
El Tour de Francia, salvo sorpresa mayúscula, ha quedado prácticamente sentenciado. Jonas Vingegaard, el único hombre que durante los últimos años había conseguido discutirle la hegemonía al esloveno, ya no parece estar a su altura. Aguantó relativamente bien en el Tourmalet, pero después volvió a evidenciar sus carencias respecto a Pogacar en otros terrenos: perdió más tiempo en el descenso y en la parte más rodadora de la etapa. Ese es precisamente el gran cambio que estamos viviendo.
Ya no estamos hablando únicamente del mejor escalador del mundo. Tampoco del mejor corredor de clásicas. Estamos hablando de un ciclista que domina prácticamente todas las facetas del deporte. Sube mejor que nadie, baja mejor que sus rivales directos, llanea con una potencia extraordinaria y, además, mantiene una explosividad que muy pocos pueden igualar. Ni siquiera corredores con un cambio de ritmo excepcional consiguen sostener su rueda cuando decide acelerar.
Eso convierte cualquier carrera en un ejercicio de supervivencia para el resto.
Es cierto que Mathieu van der Poel todavía puede discutirle determinados monumentos, especialmente aquellos menos exigentes desde el punto de vista físico, y que París-Roubaix continúa siendo una prueba donde el neerlandés parte con ventaja. Pero incluso ahí Pogacar ya ha demostrado que puede competir de tú a tú. En prácticamente cualquier otro escenario, el favorito absoluto lleva su nombre.
Por eso el debate deja de pertenecer exclusivamente al ciclismo.
Si observamos el panorama deportivo actual cuesta encontrar un dominio semejante. En el fútbol ya no estamos viendo al Messi de su mejor versión. En el baloncesto LeBron James sigue siendo una leyenda, pero ya no vive su plenitud deportiva. En el tenis, Carlos Alcaraz y Jannik Sinner mantienen una rivalidad magnífica precisamente porque ninguno consigue imponerse claramente sobre el otro. En la Fórmula 1, incluso los campeones más dominantes siempre han dependido en parte del coche que conducían.
Pogacar, sin embargo, transmite la sensación de ser superior por sí mismo.
Eso es extraordinariamente difícil de conseguir en el deporte moderno, donde la igualdad física, tecnológica y científica entre los mejores equipos es cada vez mayor.
La siguiente pregunta es todavía más complicada: ¿puede ser el mejor deportista de la historia?
Pogacar, estrella mundial
Tadej Pogacar, ganador de etapa
Responder con rotundidad sería un error. Comparar épocas siempre resulta injusto. Los contextos cambian, la preparación evoluciona y los deportes se transforman. No tiene demasiado sentido intentar medir con la misma vara a Eddy Merckx, Michael Jordan, Lionel Messi, Michael Phelps o Novak Djokovic.
Pero sí tiene sentido incluir a Pogacar en esa conversación.
Porque incluso dentro del propio ciclismo está haciendo cosas difíciles de encontrar en cualquier época. Merckx acumuló un palmarés probablemente inalcanzable, pero incluso él encontró rivales capaces de discutirle la montaña o de derrotarle en el Tour de Francia. Pogacar, en cambio, está alcanzando un nivel de superioridad global que resulta muy complicado recordar.
Además, hay otro aspecto que muchas veces pasa desapercibido.
Los grandes deportistas suelen necesitar años para construir su reinado definitivo. Michael Jordan sufrió antes de conquistar la NBA. Otros campeones también necesitaron un largo proceso de aprendizaje antes de dominar sus disciplinas.

La grandeza de Pogacar

Pogacar ya ganó muy joven el Tour de Francia. Después perdió dos ediciones frente a Jonas Vingegaard. Y lejos de hundirse, regresó convertido en un corredor todavía más completo hasta el punto de convertir a quien había sido su gran rival en un ciclista claramente inferior.
Ese proceso de evolución dice mucho de su grandeza.
No hablamos de un campeón que aprovechó una generación débil. Hablamos de un deportista que fue derrotado por un rival excepcional y que respondió elevando todavía más su nivel hasta transformar la rivalidad en una nueva hegemonía.
Quizá dentro de diez años podamos responder con más perspectiva a esa gran pregunta. Quizá entonces sepamos si realmente fue el mejor deportista de todos los tiempos.
Lo que sí parece indiscutible hoy es otra cosa mucho más sencilla: estamos asistiendo a una de las mayores demostraciones de dominio que ha ofrecido el deporte moderno. Y eso, independientemente del lugar que finalmente ocupe en la historia, convierte a Tadej Pogacar en un privilegio para cualquier aficionado al deporte.
*Fotografía de portada generada por IA
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