La temporada 2026 supone para
Soudal Quick-Step el inicio de una nueva era. ¿Da miedo? Sí. Al final, el equipo belga ha perdido a su superestrella,
Remco Evenepoel. Sin embargo, para combatirlo también lo afrontarán con mucha ilusión. El Wolfpack no desaparece, se reconvierte y evoluciona.
Dos décadas en el coche del equipo no son supervivencia. Son autoridad. En
Soudal Quick-Step,
Davide Bramati ha vivido todas las versiones del moderno Wolfpack, desde la maquinaria de clásicas construida en torno a Paolo Bettini y
Tom Boonen, pasando por la hegemonía de un día con
Julian Alaphilippe, hasta el giro a las Grandes Vueltas liderado por
Remco Evenepoel.
En 2026,
con Evenepoel fuera y Patrick Lefevere ya no al mando, Bramati se erige en el puente vivo entre lo que fue Quick-Step y lo que ahora aspira a ser. “No sé lo que es el aburrimiento”,
dijo Bramati en conversación con Bici.Pro. “Cada año se borra todo y se empieza de nuevo, con la misma emoción, impaciencia y ganas de hacerlo bien.”
Esa inquietud define ahora la siguiente fase de Quick-Step. El equipo afronta una temporada sin el corredor que moldeó su identidad reciente y sin el mánager que levantó su imperio. Lo que permanece es la cultura. Y pocas personas encarnan esa cultura con más claridad que Bramati.
De corredor a arquitecto del Wolfpack
La vida de Bramati en el ciclismo nunca tuvo una pausa real. Puso fin a su carrera en el Giro de Italia 2006, pero la transición ya había comenzado. “Paré en el Giro de Italia de 2006, pero ya el año anterior, sabiendo que la retirada estaba a la vuelta de la esquina, el equipo me había planteado esta idea”, explica. “Un poco como una apuesta con Lefevere, pensé que era una oportunidad.”
Entró en el cargo con lecciones de figuras que moldearon la gestión moderna de equipos. “Tuve grandes maestros, como Alvaro Crespi pero también Guercilena, Parsani, gente que sigue en este deporte, un caudal de experiencia del que tirar.”
Ese cimiento le permitió crecer en el puesto en lugar de heredarlo. “Mientras corres, piensas en ti, en hacerlo lo mejor posible”, dice Bramati. “Como director deportivo es distinto, tienes que dirigir al grupo, a los corredores; es otro trabajo que cambia continuamente.”
Ese cambio nunca le ha frenado. “El trabajo cambia cada año, siempre hay algo que hacer para mejorar”, afirma. “Y eso siempre me da entusiasmo.”
Tom Boonen fue uno de los que floreció bajo la guía de Bramati
Los nombres que marcaron su camino
En veinte años, la carrera de Bramati ha estado definida por corredores que llegaron y se fueron, pero también por el peso emocional de lo que representaron. “Estoy muy unido a Bettini porque formó parte de mis comienzos”, asegura. “Las alegrías que viví con él y con Boonen… muchas campañas del Norte llenas de momentos épicos.”
La era de las clásicas dio paso a otro tipo de dominio. “Las emociones gracias a Alaphilippe”, añade, aludiendo a los años en que Quick-Step volvió a mandar en las carreras de un día con una estrella de nuevo cuño.
Y luego llegó el capítulo más reciente. “Por último, no se puede olvidar a Remco, él también me ha dado muchas satisfacciones.”
Bramati ha vivido esas victorias desde el asiento delantero. “Vivo sin duda todas las victorias con mucha pasión, forma parte de mi carácter”, afirma. Pero no todas las victorias pesan igual. “Si tengo que citar una, quizá sorprenda, pero nombro el éxito de Valentin Paret Peintre en el último Tour porque ganó contra todo pronóstico en una montaña histórica como el Ventoux.”
Un oficio que no se detiene
El ciclismo moderno ha redefinido el papel del director deportivo, pero Bramati nunca ha resistido esa evolución. “Antes, los archivos GPX no existían y la presentación de una etapa o una clásica a los corredores se hacía en papel”, recuerda. “Hoy lo analizas en el bus al detalle, los recorridos casi tienes que aprendértelos como pistas de esquí.”
La comunicación, para él, es irrenunciable. “Creo que nuestro trabajo también se compone de comunicación”, dice. “Es como poner a un entrenador de fútbol, baloncesto o voleibol en la banda y que no pueda hablar con sus jugadores. Dar instrucciones a tus chicos me parece completamente normal.”
Liderar a Quick-Step hacia 2026
El Wolfpack de 2026 no se parecerá al de 2020, ni siquiera al de 2023. La marcha de Evenepoel cierra la identidad centrada en las Grandes Vueltas que marcó las últimas temporadas. El paso atrás de Lefevere clausura una era de gestión que duró décadas. El reinicio es real.
Pero Bramati rechaza la idea de que el alma se haya desvanecido. “Creo que el Wolfpack sigue siéndolo hoy”, afirma. “Desde luego no nos quedamos quietos y el espíritu del Wolfpack siempre está ahí.”
Esa convicción importa ahora más que nunca. Quick-Step ya no se construye alrededor de una sola superestrella. Reconstruye su futuro en torno a la ambición colectiva, un nuevo liderazgo y el retorno a la cultura que hizo temible al equipo mucho antes de que las Grandes Vueltas definieran su éxito.
Bramati sabe cómo se siente ese ciclo. “Cada año llegan corredores nuevos, hay que conocerlos y dejarse conocer”, dice. “Cada año se borra todo y se empieza de nuevo.”
En 2026, esa frase no es rutina. Es la historia del propio equipo.