Juan Ayuso afronta el
Mundial con el maillot arcoíris como último gran objetivo de una temporada 2026 que, hasta el momento, está lejos de responder a las expectativas depositadas en el corredor valenciano. El ciclista de
Lidl-Trek comenzó el curso con una victoria de enorme autoridad en la Volta ao Algarve, pero aquel prometedor inicio no tuvo continuidad en los meses posteriores.
El triunfo en Portugal fue, de hecho, el gran punto luminoso de un calendario marcado por la irregularidad. Ayuso ganó la general del Algarve después de imponerse también en la decisiva llegada al Malhão, además de terminar segundo en la contrarreloj y en la etapa de Fóia. Un inicio que parecía anticipar una temporada en la que debía consolidarse definitivamente entre los grandes nombres del pelotón.
Sin embargo, el año comenzó a torcerse en París-Niza, donde una caída a menos de 50 kilómetros de la meta de la cuarta etapa le obligó a abandonar. El valenciano tampoco pudo completar la Itzulia - Vuelta al País Vasco, condicionada por unos problemas estomacales que limitaron su rendimiento y terminaron provocando otro abandono. Dos episodios que volvieron a interrumpir su progresión.
El Tour de Francia debía convertirse en el escenario para recuperar sensaciones y confirmar su condición de líder del Lidl-Trek, pero tampoco encontró allí la respuesta esperada. Terminó séptimo en la general, mientras su compañero
Mattias Skjelmose acabó sexto. La diferencia fue mínima, pero significativa por el papel que Ayuso debía desempeñar dentro de la estructura norteamericana, ahora con licencia alemana. Y el cierre de la temporada volvió a estar marcado por una caída: abandonó el Grand Prix Cycliste de Montréal y no pudo disputar el de Montréal después del incidente sufrido en Québec.
Algarve, el espejismo de un gran comienzo
El Algarve representó
el mejor Ayuso de 2026. El valenciano consiguió hacerse con la clasificación general después de demostrar regularidad durante las cinco jornadas y capacidad para marcar diferencias en los momentos decisivos. La victoria en Malhão confirmó sus condiciones como escalador y le permitió comenzar el curso con un éxito que parecía especialmente relevante.
Ganar la general y una etapa en Algarve era una manera perfecta de empezar el año y servían de reflejo en el resultado de un corredor que también había sido segundo en la contrarreloj y en la llegada a Fóia. La carrera portuguesa ofreció la versión de Ayuso más agresiva y competitiva en tiempo, capaz de disputar las diferentes situaciones de carrera.
Las sensaciones de la actuación de Ayuso en Portugal invitaban a soñar por todo lo alto en 2026. Pero los meses venideros no trasladaron aquel rendimiento que engatusó a la afición; dejando el triunfo del Algarve como una excepción dentro de un calendario demasiado accidentado.
Caídas y problemas que frenaron su progresión
París-Niza supuso el primer gran golpe. Ayuso abandonó después de una caída cuando restaban menos de 50 kilómetros para la llegada, interrumpiendo prematuramente una carrera en la que todavía debía buscar su posición entre los favoritos.
Una caída en el peor momento posible obligó a poner las miras en una reválida: la Itzulia, igualmente complicada. En el País Vasco, los problemas estomacales condicionaron su rendimiento hasta terminar provocando un nuevo abandono. La continuidad que necesita un corredor que aspira a las grandes vueltas volvió a desaparecer.
“Es difícil encontrar el ritmo y la confianza cuando cada carrera acaba convirtiéndose en una interrupción”, reflejaba una temporada en la que los contratiempos físicos terminaron teniendo demasiado peso. Y Québec volvió a poner de manifiesto ese problema: otra caída le obligó a abandonar y, posteriormente, a perderse Montréal.
Juan Ayuso durante el Mundial de Kigali
El Tour deja una lectura incómoda
El Tour de Francia era la gran oportunidad para cambiar el rumbo del año. Ayuso llegó a la ronda francesa con la responsabilidad de liderar al Lidl-Trek y con la necesidad de convertir sus condiciones en un resultado de referencia. Terminó séptimo, una posición de enorme valor por sí misma, pero insuficiente respecto a las expectativas que acompañaban su candidatura.
En la gran ronda gala, finalizó en séptima posición cuando acudía con la ambición de alcanzar el podio final de París. Sin embargo, el dato tiene mayor dimensión al comprobar que Mattias Skjelmose terminó sexto, justo por delante de su compañero. El danés superó al supuesto líder del equipo por apenas unos segundos, pero consiguió colocar al conjunto por delante en la clasificación.
A sus 24 años no consiguió ejercer como el jefe de filas que Lidl-Trek esperaba. El valenciano, además, no logró ninguna victoria de etapa y quedó lejos de la lucha por los puestos de honor.
El Mundial como última oportunidad
Después de un año tan irregular, el
Mundial aparece ahora como una oportunidad para cambiar la narrativa. Ayuso llega a la cita mundialista después de haber acumulado demasiados contratiempos y con la necesidad de recuperar la versión que mostró en Algarve.
Ahora el objetivo es el arcoíris, que todavía puede convertir una temporada discreta en un cierre de enorme impacto. Las condiciones de la prueba y su estado de forma serán determinantes para comprobar si puede volver a competir al nivel que se esperaba de él.
El Mundial también puede servir para medir hasta dónde llega su capacidad de reacción después de un curso en el que las caídas y los problemas físicos han condicionado buena parte de su calendario. Terminar el año de la mejor manera posible debe ser la premisa para afrontar la máxima cita mundialista sin la obsesión del triunfo en una prueba fondista: lejana a sus cualidades.
Ganar en Montréal no borraría todo lo sucedido durante el año, pero sí cambiaría radicalmente la percepción de los aficionados en una temporada irregular donde tanto el público como su equipo esperaban más de él.