No hubo manera de frenar a Mathieu van der Poel en Zonhoven, pero detrás de el ganador incontestable se fue tejiendo otra historia. En un circuito plagado de errores, Tibor del Grosso firmó la clase de actuación que alimenta las comparaciones que le acompañan desde su irrupción, segundo en meta como el mejor del resto tras su compañero de Alpecin-Premier Tech.
La prestación de Del Grosso no se construyó sobre una tarde impecable. El campeón neerlandés tuvo que sobreponerse a una salida trastocada, una caída y un pinchazo en un trazado que castigaba cualquier distracción. Aun así, cuando la carrera tomó forma,
se consolidó como el más fuerte tras Van der Poel, soltando poco a poco a los rivales y asegurando la segunda plaza.
“Creo que fue bastante bien”,
dijo después Del Grosso en conversación con Wielerflits. “Pienso que estuve entre los mejores de la carrera, aunque la salida no me salió del todo bien.”
Esa valoración sobria reflejó la calma con la que gestionó una prueba caótica. Mientras otros se hundían o caían víctimas de las condiciones, Del Grosso se reponía una y otra vez. “También hubo una caída y tuve un pinchazo”, añadió. “Pero al final, salió bien.”
“Hay que disfrutarlo”
En las vueltas finales, su segunda posición ya estaba a resguardo y se le vio confiado. Con el podio prácticamente decidido, hasta se permitió animar al público con un salto atrevido en el resbaladizo circuito, un gesto que evocó la chispa que desde hace tiempo le emparenta con su compañero.
“¿Por qué lo hice?”, sonrió. “Hay que disfrutarlo. El Tibor de 12 años habría saltado en cada vuelta, pero ahora me contengo un poco.”
En meta se notaba el desgaste, con golpes en la rodilla y el hombro, aunque Del Grosso restó importancia. Más relevante fue lo que significó el resultado. Ser segundo tras Van der Poel en una prueba de la Copa del Mundo, en un día de hielo, caídas y tensión constante, añade otro dato a la evidencia de que pertenece con pleno derecho a la élite.
Del Grosso quizá no busque las comparaciones que le persiguen, pero en Zonhoven ofreció justo la clase de rendimiento que las mantiene vivas, cumpliendo expectativas con ejecución en uno de los escenarios más implacables del ciclocross.
Del Grosso es una de las grandes irrupciones de este invierno