Puck Pieterse se marchó de
Hoogerheide con otra victoria en la Copa del Mundo, pero su mirada ya estaba puesta firmemente en lo que viene. Tras firmar un fin de semana impecable con dos triunfos consecutivos, la neerlandesa dejó claro que el gran objetivo sigue siendo el Campeonato del Mundo en Hulst.
Tras la carrera, en declaraciones a Sporza,
Puck Pieterse encuadró su triunfo en Hoogerheide como un examen de lectura y ejecución, más que de dominio. Al analizar una prueba con constantes reagrupamientos, apuntó al papel de
Amandine Fouquenet marcando el ritmo desde delante.
Fouquenet “corrió de forma táctica, lo que hizo que volvieran una y otra vez por detrás”, explicó Pieterse, sobre por qué la carrera resistió una selección temprana.
En lugar de forzar, Pieterse se apoyó en la precisión para inclinar la balanza poco a poco. “Creo que estuve un poco mejor en las curvas, y eso marcó la diferencia”, dijo, señalando esos márgenes mínimos que al final le permitieron soltar a Kristyna Zemanova y asegurar la victoria en los últimos compases.
Hulst, objetivo claro
Pese al impulso de dos triunfos de Copa del Mundo en dos días, Pieterse desvió rápido la conversación de la forma a la ambición. “¿El
Mundial? Ese maillot arcoíris siempre ha sido la meta”, subrayó, remarcando que
Hoogerheide era parte de una preparación más amplia, no un destino.
Su valoración de lo que viene fue medida, no triunfalista. “Será una batalla muy disputada”, añadió Pieterse, reconociendo la profundidad del cartel al que se enfrentará cuando esté en juego el maillot arcoíris.
El momento, sin embargo, no puede ser mejor. Las victorias en Maasmechelen y Hoogerheide han mostrado a Pieterse capaz de ganar de distintas maneras, desde aprovechar el instante decisivo hasta gestionar largas batallas tácticas. Ahora, con la mirada en el UCI Cyclocross World Championships Hulst, el mensaje de Hoogerheide no es solo que está ganando, sino que lo hace con intención, claridad y un objetivo único en mente.