Héctor Álvarez llevaba varios años llamando a la puerta. Sexto en el Mundial júnior, segundo en el Europeo de la misma categoría, cuarto en su primer Mundial sub-23 y tercero en el Europeo. Después llegó la plata mundialista
y, finalmente, el oro europeo. Una progresión constante que había convertido la victoria en una cuenta pendiente para el ciclista alicantino.
El triunfo en el Europeo sub-23 no fue solamente una medalla más. Para Álvarez significó quitarse "un peso de encima" después de varias temporadas rozando el máximo premio. "Sabíamos que estábamos tirando tanto a puerta que al final uno tenía que entrar", explica el corredor, consciente de que el trabajo de los últimos años había terminado encontrando recompensa.
Ahora, con el maillot continental sobre los hombros, Álvarez mira hacia delante sin conformarse. Este miércoles afronta la contrarreloj con la posibilidad de completar un doblete de oro que él mismo considera "un buen objetivo" y "nada descabellado" por las características del recorrido. Eso sí, reconoce que la recuperación será determinante después del desgaste de la prueba en línea.
Más allá de las medallas, el alicantino quiere construir una carrera diferente dentro del ciclismo español. "Quiero demostrar que España también tiene clasicómanos",
afirma a Nacho Labarga para Diario Marca. Sus referencias no son únicamente los grandes vueltómanos nacionales, sino corredores como Mads Pedersen, Wout van Aert o Mathieu van der Poel. Su sueño definitivo, además, está claro: ser campeón del mundo.
Una cuenta pendiente que por fin está saldada
La plata conseguida en el Mundial había dejado a Álvarez con una sensación difícil de gestionar. Después de imponerse en el sprint del grupo perseguidor, golpeó el manillar al cruzar la meta. No era falta de satisfacción por el resultado, sino frustración por haber dejado escapar una oportunidad que sentía al alcance de la mano.
"Sabes que eras el más fuerte del grupo y que igual nos despistamos y salimos un poco más tarde", recuerda. Barry le había ganado la partida y, cuando quiso reaccionar, ya era demasiado tarde. "Ver que ganas el sprint del grupo y que igual eras el más fuerte sí que es verdad que te frustra un poco. Pero luego lo ves desde fuera y estás contento".
En el Europeo la historia fue diferente. España asumió desde el principio la responsabilidad que correspondía a una de las selecciones favoritas y Álvarez decidió jugar sus cartas. Atacó en el momento adecuado, abrió un pequeño hueco en el llano y, aunque fue alcanzado en la subida, supo leer que sus rivales estaban al límite.
Cuando volvió a encontrar terreno favorable, volvió a acelerar. Esta vez nadie pudo seguirle. La victoria cerró así un recorrido que había comenzado años atrás y que ahora le permite competir con mucha más libertad. "Creo que me he quitado todo ese estrés que tenía de querer ganar", reconoce. La cuenta pendiente ya está saldada.
Héctor Álvarez, estrella del ciclismo español
El clasicómano que quiere cambiar el guion español
Álvarez nunca ha escondido qué tipo de corredor quiere ser. Desde pequeño se sintió atraído por las clásicas y, mientras en España predominaban las referencias de escaladores y corredores de grandes vueltas, él buscaba inspiración fuera. "Cuando me siento en el sofá, lo que me gusta es ver las clásicas", explica.
Mads Pedersen, Wout van Aert y Mathieu van der Poel forman parte de ese imaginario. También una anécdota con el danés que simboliza hasta qué punto Álvarez ha ido construyendo su propia identidad. En Boucles de la Mayenne, Pedersen le colocó una pegatina con su cara en el casco y le dijo que no podía quitársela hasta que consiguiera una victoria. Ahora, después del oro europeo, ya tiene permiso para retirarla.
Su gran sueño no deja lugar a dudas: "Quiero ser campeón del mundo". Y si algún día tiene que escoger una clásica por encima de todas, la respuesta también está clara: el Tour de Flandes. No renuncia, sin embargo, a ampliar su perfil. Le gustaría convertirse en un corredor capaz de competir en las clásicas y, al mismo tiempo, trabajar para un líder en las etapas de montaña.
Esa versatilidad también explica su interés por la pista. Álvarez continúa trabajando para compaginar ambas disciplinas y tiene Los Ángeles 2028 como uno de sus grandes objetivos. "Si puedo compaginar las dos sería lo mejor", asegura. En carretera, mientras tanto, el salto definitivo llegará la próxima temporada con su entrada en la máxima categoría.
"Tengo mucho por mejorar"
El propio Álvarez reconoce que todavía está lejos de haber alcanzado su techo. Su progresión ha sido deliberadamente pausada y asegura que todavía tiene margen de mejora en prácticamente todos los aspectos: entrenamiento, nutrición y preparación. Una tranquilidad que, según explica, ha sido fundamental para que pueda seguir disfrutando de la bicicleta.
"Desde pequeño siempre me lo he tomado como un juego y sigo tomándomelo así", cuenta. Es precisamente cuando conserva esa sensación de diversión cuando mejores resultados obtiene. Pero sabe que el cambio se acerca. El próximo año deberá poner "todas las cartas encima de la mesa" y demostrar que está preparado para competir entre los profesionales.
También ha aprendido de los corredores para los que ha trabajado. Su experiencia junto a Juan Ayuso le ha permitido descubrir otra dimensión del ciclismo: la responsabilidad de ser líder y la importancia de saber ayudar a un compañero. Su objetivo es encontrar el equilibrio entre ambas facetas. "Me gustaría ser un clasicómano que luego pueda ayudar a un gran líder en las montañas", explica.
Ese crecimiento coincide con una generación española que está empezando a cosechar resultados importantes en las categorías inferiores. Álvarez destaca el ambiente dentro del grupo y la confianza que existe entre corredores que llevan años compartiendo selecciones. "Ver que estamos cumpliendo nuestros sueños y andando así de bien es algo inolvidable", asegura.
El doblete y un futuro que ya llama a la puerta
El Europeo todavía puede regalarle una segunda medalla de oro. La contrarreloj aparece ahora como el siguiente desafío, apenas unos días después de su victoria en la ruta. Álvarez no oculta su ambición: "Ganar también". El recorrido le invita a pensar que el doblete es posible, aunque sabe que deberá comprobar cómo responde el cuerpo después del esfuerzo acumulado.
El éxito, además, tendrá una celebración muy especial. Todas sus medallas terminan en la habitación de su abuelo, una tradición familiar que quiere mantener. Si consigue el segundo oro, las dos preseas continentales compartirán espacio. Pero antes todavía quedan objetivos importantes: París-Tours sub-23 y el Mundial de China.
Su discurso, mientras tanto, trasciende su propio futuro. Álvarez quiere que su generación sirva para ampliar la percepción que existe sobre el ciclismo español. "España no solo tiene escaladores", defiende. También quiere tener corredores capaces de brillar en las clásicas y competir por las grandes victorias de un día.
El mensaje resume perfectamente su ambición. Álvarez no quiere ser una excepción, sino el primero de una nueva generación. "Queremos ser los mejores", afirma. El oro europeo ya ha demostrado que puede hacerlo. Ahora quiere que las clásicas también hablen español.