Tom Pidcock no había hablado así del
Tour de Francia hasta ahora. No porque la carrera sea nueva para él, sino porque el contexto lo es. Además, ya se ha confirmado que el británico será el líder de la alineación del
Pinarello-Q36.5.
Q36.5 llega al mayor escaparate del ciclismo por mérito propio, a rebufo de lo hecho en 2025. Para un equipo fuera del WorldTour, eso marca la diferencia entre ser invitado y ser acreedor. Y para Pidcock, supone pasar de presentarse al Tour como un corredor dentro de una estructura consolidada a hacerlo como el líder cuyos resultados ayudaron a que el equipo esté allí.
En un comunicado de Q36.5, Pidcock lo explicó sin rodeos: “Nos hemos ganado el lugar, como equipo, por nuestras actuaciones del año pasado; eso nos da el derecho a ir, y nadie nos lo puede quitar.”
Esa frase importa porque apunta directamente a por qué este Tour se siente distinto. No es un golpe de suerte. No es un debate de selección. Es el producto de una temporada completa sumando y ganando,
rematada con el tercer puesto general de Pidcock en la Vuelta a España.Un Tour distinto a sus años en INEOS
Pidcock afrontará su cuarta presencia en el Tour este verano. La imagen de portada sigue siendo su triunfo de 2022 en Alpe d’Huez, además del maillot blanco y una estancia en el top 10 de la general. Pero sus Tours con INEOS Grenadiers también llegaron con escrutinio y ruido, incluida la distracción pública por la ausencia de Steve Cummings en 2024.
Por eso uno de los pasajes más reveladores de su mensaje no trata del recorrido, ni de resultados, ni de objetivos. Trata de lo que el Tour le hace a un corredor.
“He tenido altibajos en el
Tour de Francia estos últimos años, así que ahora, con este nuevo equipo, está bien ganarnos nuestro propio sitio allí”, dijo. “Es el mayor escenario en el que podemos correr. Eso trae mucha carga, pero creo que en este equipo me ayudan a llevarla.”
Cuesta pasar por alto a qué señala. El Tour amplifica todo: expectativas, atención, presión, historia. Pidcock dice que su entorno ha cambiado y que Q36.5 está construido para sostenerle ante el peso que conlleva la carrera más grande del calendario.
Disfrutar la intensidad, no solo resistirla
Hay otro hilo en las palabras de Pidcock, y conecta con lo que 2025 representó para él. Su primera temporada fuera de INEOS debía ser un reinicio. En cambio, fue la prueba de que podía liderar, ganar y sostener la forma durante una gran vuelta de tres semanas.
Ese es el contexto de su principal objetivo personal para el Tour. “Creo que, en lo personal, mi mayor objetivo es ir, disfrutar del sufrimiento, disfrutar de la intensidad de la carrera, de los medios junto con la competición”, afirmó. “Pienso que si podemos disfrutarlo y disfrutar del sufrimiento como equipo, los resultados llegarán.”
No promete un resultado concreto. Describe un enfoque, y suena al de un corredor que quiere llegar ligero de cabeza y listo físicamente, en lugar de atrapado por lo que el Tour significó para él en el pasado.
El regreso a Alpe d’Huez y la oportunidad mayor
Pidcock sabe exactamente lo que el Tour significa para Q36.5. “El
Tour de Francia es la carrera más grande del mundo, la prueba ciclista más grande del mundo”, afirmó. “Así que sí, poder ir allí e intentar rendir al máximo es un honor.”
El recorrido de este año incluye dos etapas con final en Alpe d’Huez, la ascensión que le dio la victoria en ruta más definitoria de su carrera en 2022. Es un detalle que, de forma natural, añade presión, porque afición y medios le cargarán de nostalgia y expectativas. Pidcock, sin embargo, enmarca el momento como un hito de equipo tanto como un regreso personal.
Lo significativo es que no habla como quien espera ser incluido. Habla como quien cree que el equipo se ha ganado el derecho a pertenecer.
Y ahí está el cambio real. El Tour sigue siendo el Tour. La diferencia es cómo Pidcock y Q36.5 llegan a la salida.