Este domingo 12 de abril se disputa la
París-Roubaix 2026, el temido
“Infierno del Norte”. Una carrera que no solo es una de las más prestigiosas del calendario WorldTour, sino también la más impredecible y cruel para el pelotón. Caídas, pinchazos y el desgaste extremo de los tramos de adoquín convierten cada edición en una auténtica batalla de supervivencia.
Para
Movistar Team, el objetivo este año no admite matices: mejorar lo ocurrido en 2025.
La edición anterior fue un auténtico desastre para el conjunto telefónico. Ninguno de sus corredores logró terminar la carrera. Los siete ciclistas que tomaron la salida acabaron abandonando, en una jornada marcada por los problemas desde el inicio.
En el primer tercio de carrera ya se habían bajado de la bici nombres como Mathias Norsgaard, Manlio Moro o Albert Torres. Una sangría demasiado temprana que dejó al equipo sin opciones.
La gran esperanza era
Iván García Cortina. El asturiano llegaba con buenas sensaciones tras un Top 10 en el Tour de Flandes y, de hecho, se dejó ver en los primeros kilómetros con un ataque valiente, adelantándose incluso a figuras como
Tadej Pogacar o Mathieu van der Poel.
Pero fue un espejismo. Cuando la carrera se endureció de verdad, desapareció. Posteriormente se supo que una enfermedad en los días previos condicionó su rendimiento. El resto del equipo tampoco logró salvar el día. Gonzalo Serrano, Davide Cimolai o el colombiano Diego Pescador tampoco llegaron al Velódromo. Un balance imposible de defender para un equipo WorldTour.
Una alineación para resistir… y algo más
Para esta edición de la París-Roubaix 2026, Movistar Team presenta un bloque formado por:
| Ciclista | País |
| Iván García Cortina | España |
| Jon Barrenetxea | España |
| Filip Maciejuk | Polonia |
| Lorenzo Milesi | Italia |
| Pavel Novák | República Checa |
| Gonzalo Serrano | España |
| Albert Torres | España |
Un equipo sin grandes favoritos, pero con perfiles que pueden adaptarse a una carrera caótica si se plantea con inteligencia.
El contexto: competir, no ganar
Pensar en la victoria no es realista. El nivel de esta edición vuelve a ser altísimo, con nombres como Tadej Pogacar, Mathieu van der Poel, Wout van Aert, Filippo Ganna, Florian Vermeersch o Jasper Philipsen.
Incluso un Top 10 parece fuera de alcance.
Pero eso no exime al equipo de competir. En una carrera donde se reparten puntos UCI hasta el 60º clasificado, el objetivo mínimo es claro: meter al menos un corredor entre los 50 primeros y, sobre todo, tener presencia real en carrera.
Si Movistar Team quiere cambiar su narrativa en Roubaix, la estrategia debe ser agresiva desde el inicio. No hay otra.
La prioridad absoluta debe ser entrar en la fuga del día. No con uno, sino con varios corredores. En una prueba donde el caos manda, estar por delante puede marcar la diferencia entre desaparecer o tener opciones de un resultado digno.
Ciclistas como Cortina, Barrenetxea o Milesi deben asumir ese rol. Son los perfiles más adecuados para filtrarse en cortes peligrosos y resistir en los sectores clave.
Iván García Cortina, ciclista asturiano de Movistar Team
El momento decisivo: el Arenberg
Todo cambia cuando la carrera entra en el Bosque de Arenberg. Es ahí donde realmente empieza la París-Roubaix. A partir de ese punto, los favoritos endurecen la carrera y el pelotón se rompe definitivamente.
Movistar Team necesita llegar a ese momento con presencia por delante. Tener uno o dos corredores en el grupo cabecero cuando se seleccione la carrera sería un éxito estratégico.
A partir de ahí, el resultado dependerá de muchos factores: piernas, suerte, caídas, averías… Pero lo importante es estar.
Más allá del resultado: una cuestión de imagen
Movistar no puede permitirse otra París-Roubaix como la de 2025. No terminar la carrera con ningún corredor es una línea roja que no se puede volver a cruzar.
Pero más allá de cruzar la meta, lo importante es la actitud. La imagen. La sensación de haber competido.
El equipo viene de semanas muy complicadas, con resultados muy pobres en carreras donde debía rendir. Y eso se está reflejando en el ranking UCI, donde la amenaza del descenso es cada vez más real.
Por eso, Roubaix no es solo una carrera más. Es una oportunidad para cambiar la dinámica, aunque sea en lo intangible.
Una obligación competitiva
El objetivo es simple, pero exigente: estar en carrera, ser visibles y pelear cada oportunidad.
No se trata de ganar. Se trata de competir.
Porque en una carrera como la París-Roubaix, donde el caos decide muchas veces el resultado, la única forma de tener opciones es estar ahí cuando todo ocurre.
Y para Movistar Team, este domingo, eso no es una opción. Es una obligación.