La caída en entrenamiento de
Jonas Vingegaard provocada por un aficionado en España sigue alimentando un debate más amplio dentro del pelotón, no solo sobre límites y seguridad, sino sobre algo más fundamental para el ciclismo: la accesibilidad.
Tras las primeras reacciones, centradas en la frustración y el respeto ante unas carreteras de entrenamiento cada vez más concurridas, el corredor de
Cofidis Benjamin Thomas ha ofrecido una visión más reflexiva, defendiendo que esa misma apertura que genera tensión también es central en la identidad del deporte.
Thomas habló con RMC Sport pocos días después de que Vingegaard
se cayera al intentar despegar a un ciclista amateur durante un descenso de entrenamiento en el sur de España. Aunque Team Visma | Lease a Bike confirmó que el danés salió ileso de gravedad y pidió públicamente dar espacio a los profesionales mientras entrenan, Thomas evitó presentar el incidente como un caso simple de aficionados que cruzan la línea.
En su lugar, reconoció que la congestión en las carreteras de entrenamiento invernales de España ha llegado a un punto en el que la preparación profesional a menudo debe adaptarse. “Estuve en Calpe casi tres semanas”, dijo Thomas en conversación con RMC Sport. “Hay días en los que no puedes entrenar bien y te ves obligado a adaptarte.”
Esa realidad, explicó, se hace más evidente en las rutas más concurridas.
“Hubo días que fuimos al Coll de Rates y teníamos series que hacer, y era imposible”, señaló Thomas. “Te pasas el tiempo adelantando gente. Cuando adelantas en paralelo, dos o tres ciclistas, vas en medio del esfuerzo, bajan coches, descienden otros ciclistas en sentido contrario, y te dices: ‘no, vale, lo dejamos para el siguiente puerto’.”
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Paciencia, responsabilidad y límites
Thomas no negó que la situación pueda ser irritante para los profesionales que siguen un plan de entrenamiento, pero insistió una y otra vez en la necesidad de contención por ambas partes. “A veces es un poco molesto”, afirmó, “pero hay que tener paciencia y actuar con responsabilidad.”
Y, sobre todo, rechazó la idea de que los amateurs rodando junto a profesionales sea un problema en sí mismo. “No es una lacra”, dijo Thomas, aunque admitió que “hay situaciones en las que es realmente excesivo.” Lo que le ocurrió a Vingegaard, añadió, fue “desafortunado”, pero no algo que deba activar automáticamente peticiones para apartar a los aficionados de los entornos de entrenamiento.
Ese tono contrasta con algunas de las reacciones más tajantes tras la caída de Vingegaard, que alertaban de que los amateurs que siguen a los profesionales pueden generar situaciones peligrosas a gran velocidad. Thomas prefirió enmarcar el problema en términos de volumen y densidad, más que de intención.
“También es la magia del ciclismo”
Donde Thomas se distanció con más claridad de las voces previas fue en su defensa de la apertura del ciclismo. Sostuvo que poder cruzarse con las grandes estrellas en escenarios de entrenamiento cotidianos sigue siendo una de sus señas de identidad.
“También es la magia del ciclismo”, dijo Thomas. “Puedes entrenar con, o ser adelantado por, Van der Poel, Remco, Pogacar en un entrenamiento. ¿Te lo imaginas? Es como jugar al fútbol y estar en el mismo campo que Mbappé”, añadió entre risas.
Esa accesibilidad, sugirió Thomas, explica por qué muchos amateurs viajan a España no solo para entrenar, sino para vivir la proximidad del pelotón profesional. “Es normal entender a la gente que está muy contenta y aprovecha la ocasión”, señaló, describiendo a ciclistas que acuden a esos polos de entrenamiento específicamente “para ver a los pros y estar cerca de ellos”, a veces más que para entrenar en sí.
Un debate marcado por la popularidad
Thomas sí admitió, no obstante, que la tendencia actual puede tener consecuencias si la congestión continúa en aumento. “Si esto sigue a largo plazo, habrá equipos que dejen de hacer concentraciones allí y busquen otros destinos”, dijo, antes de subrayar que la región mantiene unas condiciones únicas para el ciclismo.
En paralelo a comentarios previos de corredores como Paul Penhoet, que recalcó que los profesionales están “trabajando” y eso debe respetarse, las palabras de Thomas amplían el debate más que contradecirlo. En conjunto, delinean la tensión de fondo del incidente de Vingegaard: un deporte cuya popularidad y accesibilidad crecen más rápido que las infraestructuras y la etiqueta necesarias para gestionarlas.
En ese sentido, la caída de Vingegaard trata menos de culpas y más de equilibrio. Como subrayan las palabras de Thomas, la apertura del ciclismo es a la vez su encanto y su desafío, uno que el pelotón se ve ahora obligado a afrontar con mayor claridad que nunca.