El líder de
La Vuelta a España afronta la jornada de descanso con confianza, pero sin querer pensar todavía en la victoria final.
Enric Mas ha recuperado la sonrisa después de su triunfo en el Alto de Aitana, una victoria que le permitió vestirse de rojo y que, sobre todo, supuso un importante espaldarazo a su confianza después de unos meses complicados.
El
ciclista del Movistar Team reconoce que ha atravesado momentos difíciles durante los últimos tiempos, aunque evita dramatizar su situación. “Recientemente he pasado por momentos difíciles, pero no han sido los peores de mi vida profesional”, explica.
Mas admite que le costó recuperar la forma, pero celebra haber encontrado de nuevo las buenas sensaciones. “Hoy estoy contento de estar aquí, con la forma que tengo, y de volver a sonreír en La Vuelta”, señala en declaraciones recogidas por EFE.
La victoria en Aitana ha generado la sensación de que se ha visto a un Enric Mas diferente, más agresivo y también más sonriente. Sin embargo, el mallorquín niega que haya habido una transformación.
“No ha cambiado nada. Simplemente he seguido haciendo lo que más hacía, entrenar bien, cuidarme, intentar hacer todo perfecto y disfrutar del proceso”, asegura.
Mas también quiso matizar la imagen de un corredor especialmente serio que a veces se proyecta desde fuera. “El Enric que está con la familia, con los amigos y con el equipo normalmente es un Enric que hace bromas y que se ríe. Es el Enric que visteis ayer después de la meta”, explica.
El triunfo sí tuvo un efecto importante, aunque no modificara su personalidad: “El Enric es el mismo de siempre, pero sí es cierto que fue un momento que me dio mucha confianza”.
Roglic, el rival que más preocupa
Vestido de rojo, Mas ya empieza a mirar hacia el desenlace de la carrera. Y entre sus rivales hay un nombre que destaca por encima del resto: Primoz Roglic.
“Creo que con la historia que tiene Roglic en la Vuelta es el que más me preocupa personalmente de cara a Granada”, reconoce el líder.
La experiencia del esloveno en la carrera española —y sus anteriores victorias— convierte a Roglic en una referencia inevitable para Mas. Sin embargo, el mallorquín no quiere convertir esa rivalidad en una fuente de presión.
“No es que tenga miedo. Es que, si estoy todo el día pensando en que puedo ganar la Vuelta, al final es un estrés acumulado que no quiero tener en este momento”, afirma.
Sin pensar todavía en la general
La jornada de descanso no ha servido todavía para que Mas y su equipo hagan números detallados sobre lo que queda de carrera. El líder admite que aún no ha tenido tiempo para estudiar el recorrido de las próximas etapas.
“¿Te digo la verdad? No tengo ni idea. Todavía no hemos hecho la reunión”, bromea.
Mas sabe que habrá etapas determinantes para la clasificación general, pero prefiere esperar a analizar el escenario junto al equipo antes de hacer planes concretos.
“Hay unas cuantas etapas que está claro que serán cruciales para la general, pero de ayer a hoy no he tenido tiempo de nada, no he mirado nada”, explica.
Su estrategia, de momento, pasa por no obsesionarse con el maillot rojo.
“Ahora simplemente disfruto del momento, disfruto de llevar el rojo, disfruto del equipo y nos tenemos que centrar en lo que viene esta semana. Poco más”, sentencia.
Enric Mas, ganando en Aitana
Un maillot rojo con alas y una celebración especial
La imagen de Mas después de la victoria también dejó otra escena llamativa: su comentario sobre las “alas” del maillot rojo. El corredor aclaró que todo fue fruto de una improvisación para rebajar la tensión de la entrevista.
“Lo de las alas del maillot rojo fue simplemente una broma que hice cuando me pusieron delante del micrófono, para romper un poco el hielo antes de empezar la entrevista”, explica.
Más significativa fue su celebración en la meta. El grito que protagonizó después de ganar tuvo un origen muy concreto dentro del Movistar Team: los “pingüinos”, como llaman a los jóvenes del equipo.
“Como ganamos poco, cuando ganamos tenemos que celebrarlo mucho”, relata Mas. En su caso, la celebración tenía todavía más significado: habían pasado ocho años desde su anterior triunfo en una gran vuelta y cuatro desde su última victoria. “Fue un grito de rabia y de alegría”, resume.
El equipo, unido ante el nuevo escenario
La victoria de Aitana ha cambiado la situación del Movistar Team. Antes de la etapa, el objetivo era sobrevivir después de una jornada marcada por las caídas. Ahora son ellos quienes deben defender el liderato.
“Ayer por la mañana hablamos un poco en el autobús de que teníamos que pasar página después de todo lo sucedido el día anterior con las caídas. Ahora ha cambiado todo y nos toca a nosotros”, explica Mas.
El líder, sin embargo, no espera que su equipo tenga que controlar cada jornada en solitario. Hay etapas en las que otros equipos estarán interesados en asumir el protagonismo, especialmente en las llegadas al sprint o en determinadas fugas.
“Nosotros simplemente mantendremos la tranquilidad e intentaremos estar siempre unidos”, apunta.