Pello Bilbao, sobre lo duro que es enfrentarse a ciclistas como Tadej Pogacar: "Ha supuesto no tener esa ilusión por ganar"

Ciclismo
Pello Bilbao, posando con la equipación de Bahrain
Pello Bilbao ha puesto punto final a su carrera como ciclista profesional con una mezcla de emoción, satisfacción y ganas de comenzar una nueva etapa. Su despedida en Il Lombardia, donde terminó séptimo, fue el broche perfecto a una trayectoria que le ha permitido superar sus propias expectativas. Ahora, el corredor vasco quiere recuperar el tiempo para su familia y disfrutar de la bicicleta sin las exigencias del ciclismo de élite.
La última carrera profesional de Bilbao estuvo cargada de sorpresas. Su mujer apareció a última hora junto a sus hijos y varios amigos acudieron para acompañarlo sin que él lo supiera. Un momento que convirtió la despedida en una jornada especialmente emotiva. En una entrevista con Marca habla de su adiós.
"Fue muy emotivo y especial, ya desde las sorpresas de la mañana. Mi mujer apareció a última hora con los críos y no tenía ni idea. Si ya era poco saber que era mi última carrera, tener allí a los críos en el bus y a tantos amigos que fueron a visitarme sin yo saberlo... Estaba con las emociones a flor de piel".
Pese a la carga sentimental, el ciclista quería despedirse compitiendo al máximo nivel y conseguir un buen resultado en una de las grandes clásicas del calendario.
"Sabía que eran mis últimos 240 kilómetros como profesional, los últimos sufrimientos agónicos encima de la bicicleta. Quería sufrir al límite, quería disfrutarlo y quería tener un buen resultado de boca. Por suerte, todo fue como lo había planeado. Pude aprovechar mi estado de forma y acabar séptimo, que, teniendo en cuenta el nivel que había y siendo un monumento, me deja supersatisfecho".

Una retirada meditada durante dos años

La decisión de abandonar el ciclismo profesional no llegó de un día para otro. Bilbao llevaba tiempo reflexionando sobre su futuro, aunque reconoce que hubo momentos en los que estuvo cerca de cambiar de opinión.
"Yo diría que hace dos años tomé la decisión, pero ha habido algún momento de dudas. Estuvo el planteamiento de Mikel Landa, de Fran... y en ese momento casi estaba a punto de volver. Fue antes de la Clásica de Donosti. Pero al final me eché atrás, recordé todas las razones por las que quería dejar el ciclismo y pensé que este era el momento".
La exigencia constante del deporte ha sido uno de los factores determinantes. La vida de un profesional no se limita a entrenar y competir, sino que obliga a medir cada decisión en función del rendimiento.
"No es simplemente tener que controlar la comida. Al final sabes que cualquier cosa que haces en tu día a día o es beneficiosa para hacer el mejor entrenamiento posible al día siguiente, o no es lo apropiado. Estás continuamente en ese debate".
Bilbao se define como una persona perfeccionista, comprometida con su trabajo, pero admite que esa mentalidad también dificulta desconectar cuando está en casa.
"Yo soy alguien perfeccionista, me gusta hacerlo bien en mi trabajo y no entiendo otra manera de ser profesional o de continuar en el mundo profesional. Pero también quiero dedicarles el máximo tiempo posible a mis hijos y, cuando estoy en casa, centrarme en ellos, jugar con ellos y no estar pensando en la bicicleta. Eso es un poco lo más complicado de nuestro deporte".

Recuperar el tiempo para su familia

La nueva vida de Bilbao pasa por recuperar la libertad que el ciclismo profesional limita. Quiere dejar de controlar cada comida, pesarse constantemente o enviar los datos de entrenamiento a sus preparadores.
"Simplemente no tener esa carga, esa exclusividad que exige el ciclismo. Poder despertarte y no pensar en lo que vas a desayunar, simplemente desayunar lo que te apetece. No subirte a la báscula, no tener que pasar todos los datos a los entrenadores".
También quiere cambiar su relación con la bicicleta y convertirla de nuevo en una herramienta de disfrute, sin horarios ni obligaciones.
"Ver la bicicleta como una herramienta de disfrute, para pasear por aquí, por la zona, o para apretar cuando me apetezca. Y, sobre todo, tener tiempo para estar con los amigos, con mi mujer, con mis hijos. Estar tranquilo en casa, sin estar siempre pendiente de lo que me viene bien o mal para el ciclismo".

Gino Mäder y una victoria especial en el Tour de Francia

Entre los episodios más duros de su carrera, Bilbao recuerda especialmente la muerte de Gino Mäder, además de las de Michele Scarponi y Víctor Cabedo. La pérdida de tres compañeros le hizo sentir muy de cerca los riesgos de un deporte en el que la tragedia siempre está presente.
"El peor fue lo de Gino Mäder, sumado también a lo de Scarponi y a lo de Víctor Cabedo. Son momentos que sabemos que pueden suceder, que nos pueden suceder a cualquiera, pero siempre esperas que toquen lo más lejos posible. Personalmente me han terminado afectando bastante. Perder tres compañeros te hace sentir el riesgo de nuestro deporte muy cercano. Fue duro".
Apenas un mes después de la muerte de Mäder, el ciclista consiguió una victoria de etapa en el Tour de Francia. Un triunfo que supuso un alivio personal y colectivo después de unos momentos especialmente difíciles.
"Después de la desgracia de la pérdida de Gino Mäder, al de un mes, más o menos, llegó la victoria en el Tour de Francia. Para mí fue un descanso, un alivio, poder ganar una etapa en el Tour por la importancia que tenía personalmente, pero también por lo que significaba para todo el equipo".
Bilbao pudo dedicarle la victoria a su compañero y encontrar una recompensa al esfuerzo realizado durante la preparación de la ronda francesa.
"Poder dedicarle ese triunfo a Gino y justificar todas las energías que habíamos dedicado a preparar ese Tour. Demostramos que muchas veces, cuando corres con una energía y una motivación especial, las cosas salen de manera brillante".
Pello Bilbao
Pello Bilbao, ciclista de Bahrain Victorious.

Competir contra Pogacar y los grandes dominadores

El corredor vasco también reflexiona sobre la evolución del ciclismo y la aparición de figuras como Tadej Pogacar. La presencia de corredores extraordinarios ha elevado el espectáculo, pero también ha complicado las opciones de victoria para el resto del pelotón.
"En muchos momentos ha supuesto no tener esa ilusión por ganar, o no creer que realmente puedes ganar, y tener que jugar a hacer segundo, tercero, el mejor puesto posible".
Bilbao considera que los avances científicos y nutricionales han transformado la preparación de los corredores, haciendo que los grandes talentos sean todavía más difíciles de batir.
"Antes de que estos fenómenos aparecieran, diría que cualquier fenómeno tenía su día malo o podía tenerlo. Nadie era invencible, al menos yo así lo sentía. Pero en los últimos años, con los avances de la ciencia y de la nutrición en particular, todo está muy medido, muy controlado. Y un motor prodigioso que no falla nunca, que lo tiene todo controlado, es una máquina de ganar".
Aun así, reconoce que competir contra estas figuras también ha sido un estímulo y ha contribuido a engrandecer el deporte.
"Por una parte ha sido un aliciente correr con estos fenómenos, porque ves que el espectáculo crece y que han hecho grande al ciclismo. Pero también tienes esa carga de saber que es muy complicado pelear por la victoria".
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