Una gran puja en Hollywood se ha desatado en torno a un biopic de
Lance Armstrong, subrayando hasta qué punto el nombre más controvertido de la historia del ciclismo sigue resonando muy por encima del deporte que lo expulsó.
El proyecto, en el que Austin Butler, famoso por encarnar a Elvis en el biopic de 2022, dará vida a
Armstrong, ha despertado un intenso interés de los estudios en la fase de paquete, una señal poco común de confianza en una historia que muchos dentro del ciclismo preferirían no reabrir. Para los cineastas, Armstrong sigue siendo un material magnético. Para el ciclismo, su legado continúa siendo mucho más incómodo.
El ascenso de Armstrong no fue solo una racha de victorias en el Tour de Francia, sino un periodo de control total. Entre 1999 y 2005, dominó el Tour hasta tal punto que equipos enteros recalibraron sus ambiciones en torno al segundo puesto. Su
equipo US Postal Service fijó nuevos estándares de disciplina táctica, preparación y control en montaña, reconfigurando la forma de correr las Grandes Vueltas.
Unido a su muy publicitado regreso tras un cáncer avanzado, Armstrong se convirtió en la figura más poderosa que el deporte había producido. Impulsó un crecimiento comercial sin precedentes, atrajo a la audiencia estadounidense al Tour de Francia e influyó en la preparación y las estructuras de equipo en todo el pelotón.
Aquellos años fueron fundacionales. Dejaron una huella en el ciclismo que fue mucho más allá de sus propios resultados.
La caída que cerró la puerta por completo
El derrumbe fue igual de definitivo. Tras la investigación de la USADA en 2012 y
una confesión pública de dopaje en el programa de Oprah Winfrey, a Armstrong le retiraron íntegramente sus siete títulos del Tour y se le impuso una sanción de por vida. A diferencia de otros corredores de la misma época, no hubo camino de regreso al deporte, ni una reinserción gradual a través de los medios o de cargos de gestión.
El ciclismo trazó una línea roja. Armstrong no solo fue sancionado, sino apartado, convertido en un punto fijo del pasado del deporte y no en una voz de su presente. Esa decisión moldeó cómo el ciclismo profesional intentó reconstruir su credibilidad y distanciarse de su capítulo más dañino.
Por qué Hollywood acecha ahora
La historia de Armstrong ya se contó a través de la investigación y la exposición, especialmente en The Program, que reflejó la necesidad del ciclismo de desmontar el mito.
Este nuevo proyecto se plantea de forma muy distinta. Con Edward Berger en la dirección y Zach Baylin incorporado, se espera que el foco se desplace hacia el carácter, el poder y la fe, más que hacia la evidencia y el procedimiento. Ese enfoque, combinado con los derechos vitalicios de Armstrong ya asegurados, explica por qué los estudios ven aquí material de prestigio capaz de sostener una guerra de ofertas.
Para el cine, el escándalo está zanjado. Lo que queda es un estudio sobre la dominación y el colapso en la cumbre del deporte.
Armstrong es la figura más controvertida en la larga y rica historia del ciclismo
Un legado reavivado desde fuera del deporte
Para los aficionados, la incomodidad no reside en revisar viejos veredictos, sino en ver cómo una de las figuras más divisivas del deporte vuelve al foco a través de un medio que opera con lógicas muy distintas.
Armstrong ya no pertenece al ciclismo profesional en ningún sentido relevante. Aun así, la magnitud del interés de Hollywood demuestra que su historia sigue teniendo un peso extraordinario más allá de él. La puja en sí es la señal más clara de que, incluso años después de su exclusión, Armstrong sigue siendo imposible de ignorar.
Esa tensión entre el deseo del ciclismo de pasar página y el afán del cine por mirar atrás es exactamente la razón por la que este biopic importa, y por la que aterrizará con tanta incomodidad dentro del deporte que lo vio nacer.